sábado, 20 de febrero de 2010

Tiempo

Nunca es suficiente, el tiempo jamás alcanza. La vida pasa, los minutos corren, pero frente a ellos sólo puedo caminar. Ellos corren, cada vez más rápido, mientras a cada paso mi andar es un poco más lento. Así se me va la vida, se escurre entre mis manos, sin saber cómo manejar esa falta de espacio temporal.

La eternidad se ve tan próxima cuando el tiempo vuela, sin más… desearía poder frenar el reloj y detenerme a mirar, apreciar todo lo que me rodea, pero me es imposible. Simplemente debo seguís, esforzándome para no detenerme, esforzándome para avanzar un poco más rápido. Fuerza, siempre hay que hacer fuerza… remar más rápido, correr más deprisa, hacer, hacer, hacer. El tiempo se acaba, debo actuar. El tiempo se agota, debo terminar. No hay tiempo libre para vivir, hay que hacer. Hagamos, ya, ahora, pronto, deprisa. Debo hacer, ya hay muchas cosas en la lista de pendientes… lamentablemente vivir feliz no forma parte de aquella lista, no, porque el tiempo se va, el tiempo corre. El deber, siempre el deber, jamás el querer; es que no hay tiempo para querer.

La vida pasa a ser un programa totalmente cronometrado, en el que no se permite desperdiciar valiosos segundos en disfrutar de la libertad. Sin embargo, alguna que otra vez, entre un suspiro y otro, vislumbro aquello que me rodea y deseo de todo corazón poder parar, detenerme, mirar… o mejor dicho, ver. Quisiera poder detenerme a apreciar cada detalle, cada segundo vivido, cada momento. Pero no, no se puede. El tiempo se va, y mi deber es perseguirlo. No hay espacio para la felicidad en esta vida. No hay escapatoria. Tengo un claro objetivo, aprender a vivir, pero para eso necesito tiempo, y primero lo debo alcanzar…

No hay comentarios.: